
Manos que esconden el rostro, que esconden la identidad, en un intento de visualizar una situación interna que se exterioriza a través de un simple gesto. Un gesto cargado con valores simbólicos, que podría insinuar el dolor y la desesperación, pero también lo lúdico. Una imagen minimalista creada por superficies de colores planos que a primera vista podría ser confundida como pop, pero cuyos colores apagados fortalecen una sensación melancólica que el pop nunca quiso expresar. En esa búsqueda entre lo interno y lo externo, entre el sentimiento y la forma, la identidad del individuo y su situación emocional se pulveriza por las interpretaciones que el espectador quiera darle.